viernes, 7 de junio de 2013

Decrecimiento



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Tenemos pocos datos sobre como funcionará una sociedad en constante decrecimiento, en la que, nos guste o no, tendremos que vivir de ahora en adelante. Me agrada comparar nuestra época a la de la decadencia romana, pero tal vez la comparación no sea del todo exacta, y no precisamente a nuestro favor, sino en contra nuestra. Los antiguos romanos no dependían enteramente de un recurso caro, escaso, no renovable y que hubiera iniciado su agotamiento, como ocurre hoy en día con el petróleo.

De todas formas, y salvadas las distancias, diré que nos esperan básicamente cinco cosas:

- precarización económica creciente, manifestada en unas tasas de desempleo en constante ascenso. Aquí la comparación con el mundo antiguo no puede ser completa, puesto que su sistema productivo era esclavista. No es que ahora no lo sea, pero adopta formas mucho más sutiles. No existe la esclavitud como institución jurídica, aunque la reciente catástrofe de Bangladesh nos ilustra de que sí existe como realidad social. De todas formas, podemos concretar un cierto paralelismo de nuestro ejército de parados con las masas desocupadas, alimentadas a expensas del estado que existían en las urbes del mundo romano, especialmente en la propia metrópoli, en Roma.

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- depredación fiscal, auténtica asfixia impositiva, que tiene por objeto, como ya hemos explicado en otros post, disminuir nuestra renta disponible, para que consumamos menos, porque cada vez habrá menos que consumir, así como dotar de medios financieros a las crecientes necesidades de control del aparato de represión estatal. Los propietarios romanos llegaron a abandonar sus propiedades, a fin de atajar la sangría económica que les suponía la tremenda presión tributaria.

- estricto y cada vez más abusivo control social, que se verá facilitado por el uso de la informática y las comunicaciones por red de celdas, sin cables. Aquí tenemos que referirnos a la muy poco conocida labor de la policía secreta, omnipresente en la Roma imperial, que tenía por objeto apuntalar el siempre tambaleante poder estatal (deriva autoritaria), y garantizar la recaudación impositiva (depredación fiscal, ya vista).

- guerras por recursos, como las que tuvieron lugar en el mundo romano, básicamente desde la campaña de las Galias (iniciada por Julio César, que tuvo como objetivo volver a proveer Roma de esclavos, que eran escasos desde las masacres de las guerras serviles, especialmente la motivada por la rebelión del tracio Espartaco) hasta las conquistas de Dacia (donde había ricas minas de oro) y Mesopotamia, por Trajano. Esta última expedición militar tuvo más motivos “simbólicos” que propiamente de expoliación, lo cual también puede dar mucho que pensar de cara a nuestro próximo futuro. La minoría autocrática romana tenía un fuerte componente, poco estudiado, de origen fenicio-caldeo (como la actual lo tiene hebreo), que estaba obsesionado con la conquista de la ciudad de Babilonia (de ahí las constantes guerras absurdas contra los partos).

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- inflación, lo pongo al final, porque de hecho será el último jinete del Apocalipsis en manifestarse, pues como ya hemos explicado las clases dirigentes no permitirán que se haga evidente hasta que no hayan invertido sus ingentes fortunas en bienes tangibles. Será el último, pero también el azote más brutal, y su aparición supondrá la agudización de las tendencias depresivas (precipicio de Séneca). Los antecedentes en el mundo romano, especialmente a partir del emperador Caracalla, en relación a la alteración y pérdida de valor de la moneda, no pueden ser más ilustrativas.

Cada uno de estos flagelos, algunos de los cuales son ya una realidad en nuestras vidas, y otros lo serán pronto, será objeto de un post aparte, a fin de desarrollar las comparaciones con el mundo clásico, y dar una visión de lo que puede ocurrir, de forma muy general.

Algunos bien pensantes estiman que se puede decrecer “apaciblemente”, esto es, en situación de paz social y global. Ya he explicado por qué creo que no va a poder ser así. Ya vimos en el post “Lechugas en la terraza” que quienes nos gobiernan (abiertamente o en la sombra) se resistirán a la pérdida de poder que puede resultar de una sociedad más simple, radicada en estructuras de base más local. Pero es que, además, somos criaturas de una cultura económica basada en la “competitividad” y, por tanto, profundamente insolidaria, lo que nos induce un auténtico bloqueo a la hora de desarrollar los adecuados mecanismos de cooperación social que necesitamos a fin de fraguar la necesaria y conveniente “transición pacífica”, por lo que los cambios necesarios deberán producirse “manu militari”.

Saludos,

Calícrates

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