domingo, 30 de junio de 2013

Monetización


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Leo que el programa de Quantitative Easing puesto en marcha por la Reserva Federal norteamericana, y los préstamos a bajo interés del BCE a bancos de la eurozona, constituyen una monetización de deuda que puede conducir a una importante tasa de inflación.

Vamos a ver. La montaña de billetes ficticios (deuda) que nos va, seguro, a conducir tarde o temprano, no a la inflación, sino a la hiperinflación, ya existe. Se creó a partir de los años 70 (primera crisis del petróleo) en una temeraria huida hacia delante, que se intensificó en los noventa y, especialmente, a partir del nuevo siglo. Supone unas quince veces el PIB planetario, y es una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas, con o sin monetización (evitar monetizarla reduciría, es cierto, el efecto inflacionario, pero generaría otro aún más indeseable, la quiebra corporativa mundial).

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Están monetizando porque no les queda otra, para que no se le vean las vergüenzas al sistema financiero de casino occidental. Lo hacen para tapar huecos, para atender a los pagos del día a día. Monetizan lo menos que pueden, pero no tienen más remedio que seguir un ritmo que no imponen las autoridades monetarias, sino los vencimientos de las propias obligaciones monetizadas, pues el primer impago, el primer “there’s no cash” aceleraría la desconfianza y nos pondría al borde de la catástrofe (véase LehmanBrothers). Y, no nos engañemos, no dejarán de hacerlo, por la cuenta que les trae, y por mucho que diga otra cosa el Sr. Bernanke.

No hay inflación, todavía, porque el dinero, el monetizado y el por monetizar, temeroso, aún no circula. La inflación no sólo requiere de creación física o virtual de dinero, sino de la salida en tromba de éste a adquirir bienes y servicios (velocidad de circulación). Refugiado en paraísos fiscales, conserva nominalmente su valor, y no tiene prisa por salir a escena, con el riesgo de ser detectado por los agentes económicos y las autoridades con competencias tributarias (aunque éstas últimas no actúan igual con los grandes tiburones que con el ciudadano corriente, bien lo sabemos).

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El problema no es la monetización, sino hasta donde vamos a seguir representando una obra de teatro que, como el Hamlet de Shakespeare, sabemos que va a acabar con el escenario lleno de cadáveres. O quiebra, o hiperinflación que conduce igualmente a la quiebra. No hay salida. Nuevamente no es un problema económico, sino de disponibilidad de recursos, y por eso muchos economistas no lo entienden. Y algunos, que lo entienden, callan, o hablan a medias (ver artículo, Santiago Niño Becerra).

De momento la tragedia en varios actos nos aprovecha a todos (aunque ya hemos explicado que a unos más que a otros). Pero en cuanto apriete el descenso de la curvade Hubbert, y se vea claro que la montaña de efectivo no vale ni el 6 por ciento de su valor facial, el Príncipe de Dinamarca sacará su espada y no dejará bicho viviente sobre la tarima enmoquetada, tras lo cual podrá bajar el telón.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. Sencillez y precisión en la forma de comunicar la forma en que los economistas y los expertos nos llevan al colapso. Aplaudiría si no estuviéramos en un funeral.
    Un saludo

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