martes, 2 de julio de 2013

Pensiones



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¿Por qué les interesan tanto que la gente "emprenda", esto es, que trabaje por cuenta propia? Pues porque quienes caen en la mencionada trampa salen de las listas del paro y se les puede coser a impuestos. Además contribuyen a cuadrar las delicadas cuentas de la Seguridad Social, pagando cuotas de autónomo, que son una auténtica barbaridad, e independientes de lo que realmente ingreses por tu actividad (a la fecha que escribo ya se están planteando algunos cambios cosméticos en este punto, sobre todo para autónomos a tiempo parcial, porque el tema no tenía un pase, pero ojo porque la modificación legislativa puede tener truco, ya que por lo visto pretenden a cambio apretar aún más a quienes obtienen mayores rendimientos).

Un pariente político, afectado por la crisis, que había capitalizado la prestación de desempleo y se había dado de alta como trabajador autónomo se quejaba de lo que tenía que pagar de cuota a la Seguridad Social para, en su día, tener derecho a la pensión máxima. Alrededor de mil euros.

Lo miré con cara de “pero que haces, panoli” y, en principio, me iba a quedar callado. Después me dio pena. No era persona para explicarle lo que es el peak oil, y sus implicaciones económicas, pero intenté hacerle comprender, no recuerdo las palabras, que lo mejor que podía hacer era adscribirse a una mutualidad profesional (es médico), o cotizar el mínimo, porque su pensión directamente no iba a existir, y lo único que hacía era pagar la de los jubilados actuales, que no se lo iban a agradecer ni con una caricia.

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En una sociedad post cenit petrolífero, en decrecimiento forzoso, la guerra entre generaciones, lamentablemente, no es una quimera. El sistema de pensiones, supongo que lo sabéis, no es de capitalización, sino de reparto, de manera que cada generación paga las prestaciones de la anterior. Y no se puede pasar, de buenas a primeras, a un sistema de capitalización porque entonces quienes trabajan actualmente tendrían que pagar dos veces, con la que está cayendo.

Cuando obtuve mi primer empleo (en una compañía de seguros de la que me es imposible decir nada bueno, muy radicada en la Comunidad de Madrid) tuve un jefe muy particular, señor ya entrado en años que había hecho toda su carrera en la empresa. Me echaba largos discursos, como si yo fuera un discípulo algo retrasadillo. Eso pese a que quien escribe tenía, entonces, una carrera universitaria, un máster en una conocida Escuela de Negocios y tres idiomas, mientras que mi interlocutor no debía pasar del graduado escolar (era el jefe y había que aguantar). Un día, para colmo, me dijo que debíamos estar muy agradecidos a su generación, porque, palabras textuales, “os dimos bienestar”. Entonces no me enfadé mucho al oír tamaña sandez, pero ahora recuerdo aquella conversación y me queman las tripas.

A ver si lo entendemos y sobre todo si los interesados (los jubilados con pensiones altas) entienden lo que tienen entre manos, y dejan de pretender que les adoremos, cuando son responsables solidarios de las desgracias que ahora nos asolan.

Las generaciones que empezaron a trabajar en los años cincuenta y sesenta, disfrutaron de crecimiento económico, prosperidad material y trabajo seguro. ¿Porque eran más listos que nosotros? No. Porque se estaban zampando la parte del león de los insumos de petróleo que se producían, que por entonces estaban en franco aumento y permitían una sociedad en constante expansión. Ahora que quedan las raspas, están jubilados, dándose un merecido descanso y cobrando pensiones estupendas, los que pueden, que pagan los pocos que aún trabajan. Pensiones que, por lo visto, son lo único que no se puede recortar, mientras a los demás nos bajan constantemente los sueldos, eso si no estamos cobrando directamente la prestación por desempleo o la miseria del subsidio.

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¿Qué nos dieron de comer, nos vistieron y pagaron estudios, a los que nacimos en los tiempos del baby boom, de los sesenta? Sí, claro, pero eso no es para agradecer con salmos y hacer reverencias de rodillas. Es, ni más ni menos, lo que hacemos nosotros con nuestros hijos.

No estoy diciendo que no haya que cuidar de nuestros mayores, ni que se tengan que reducir pensiones que apenas dan para vivir, que las hay. Pero convendréis conmigo que una pensión de dos mil euros sí se puede bajar, y bastante, especialmente ahora que muchos sueldos no alcanzan tal entidad, ni de lejos. Además, están utilizando el fondo de reserva, que supuestamente garantiza nuestras presuntas pensiones futuras, para abonarles la paga extra, que se regatea a los trabajadores activos. Si hay que hacer sacrificios, hagámoslos todos. Y sobre todo tener clara una cosa: nadie es más que nadie, especialmente cuando las condiciones no son equiparables en modo alguno.

Alcanzar la madurez en los años sesenta tuvo sus dificultades, y ahora existen otras, que no tienen nada que envidiar a las que se vivieron en aquellos tiempos y que, además, los que siguen este blog y otros de temática parecida, saben que sólo pueden ir en aumento. En definitiva, ni ellos son héroes, ni nosotros marranos. Y cuanto más avance la era post crisis, mayor mérito tendremos las generaciones posteriores, hasta que llegue un momento en que podremos decir, incluso, que sufrimos más que nuestros mayores, y a pesar de todo, cuando fueron ancianos, “les dimos bienestar”, cuidándolos, respetándolos y pagando sus pensiones. Pero no hace falta que nos levanten un monumento. Tenemos suficiente con sobrevivir día a día.

Saludos,

Calícrates

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