viernes, 17 de enero de 2014

El mapa del futuro


felixbotana.wordpress.com

Quería comentar una entrevista a Santiago Niño Becerra, que encontraréis aquí, y que considero de consulta obligatoria para todo aquél que esté interesado en saber quienes somos, de donde venimos y especialmente hacia donde vamos, al menos desde el punto de vista estrictamente económico.

Niño me ha terminado de convencer de que la economía, como ya he dicho en alguna ocasión, es una ciencia bastante sencilla, y que los que la lían solo pretenden cogerle la espalda a los incautos que se dejan, por ejemplo para vender preferentes, pisos que no son otra cosa que pasivos puros y duros, fuente de constantes gastos y molestias y que no valen lo que cuesta mirarlos, o acciones emitidas por vendedores de humo, que después de una azarosa vida bursátil y de dejar abundantes réditos a los gestores del cotarro, se reencontrarán con la tercera ley de la termodinámica en el cero absoluto de la escala de Kelvin.

En efecto Niño, en un alarde didáctico, se deja de ebitdas, ratios de liquidez y curvas de retorno de inversión, y nos enuncia con claridad que la ciencia económica debe, a partir de ahora, gestionar la escasez, que en realidad es lo que siempre ha hecho, aunque los años de despilfarro nos lo hicieron olvidar.

Mucho es lo que dice el entrevistado, más que todos los profesionales de la prensa salmón juntos y revueltos. Pero es más importante aún lo que calla. Habla constantemente de recursos, claro, la riqueza no es otra cosa, o alguien se pensaba que los bonos del Tesoro USA o las acciones de Bankia eran comestibles. Sin embargo elude rigurosamente hablar de peak oil, para evitar ser mezclado en polémicas ajenas a las estrictamente económicas, y porque todos sabemos que la bicha no debe ser mentada en ningún caso.

A pesar de lo cual la palabra petróleo acude de forma natural a sus labios. En principio como un recurso más, aunque pronto se observa que no lo considera como tal, cuanto habla de lo decisivo del aumento de la productividad de la energía a partir de la década de los setenta. También apunta que fue en dicha década (la de la primera crisis petrolera) cuando el modelo de crecimiento de la post guerra experimentó sus primeros problemas. En definitiva, y en cristiano, Niño Becerra sabe lo que está pasando, pero como tantos otros, no lo puede decir claramente.

Independientemente de todo lo cual, y pese a su silencio sobre lo esencial, el punto inmóvil del centro de la circunferencia que lo explica todo, su ordenada mente de economista curtido en mil batallas esboza un inquietante panorama digno de especial estudio, pues constituye un auténtico mapa del futuro, coincidente en su mayor parte con el que se expone en éste y otros blogs dedicados al tema, pero con la autoridad añadida que le da su cualificación académica. Anotemos una por una sus particulares predicciones, pues pronto se convertirán en penosas profecías.

1/ El crecimiento desbocado, basado en el endeudamiento masivo, especialmente en los años de la borrachera, del 2003 al 2007, que aumentaba exponencialmente el PIB y retroalimentaba a su vez nuevo endeudamiento, no pudo seguir adelante por haberse alcanzado los límites del mundo físico. Nada que objetar. Pero lo dicho es bastante más trascendente de lo que parece. No se trata ya de cambiar de modelo, según la propia definición de Niño sobre el particular, sino de sistema, lo que, por mucho que de momento no sea urgente, no deja de ser preocupante. El entrevistado lo deja caer, pero en plazos tal vez excesivamente largos.

2/ Fin de la política. Ante la tesitura de administrar lo escaso, el enfoque ideológico que se pueda dar a un problema desaparece, y sólo queda el problema en sí, con lo que cada vez más cosas dejarán de tratarlas los políticos y pasarán a tratarlas los técnicos. También de acuerdo. Es evidente que la política se ceñirá cada vez más a las exigencias de los técnicos, por pura necesidad. Aunque no nos engañemos, es igualmente obvio que los políticos profesionales no se dejarán quitar de las manos las riendas del poder, con el argumento falaz, que ya he escuchado a alguno, de que su misión es gestionar, y que para asesorarles ya están los susodichos técnicos, en cargos subordinados. En román paladino, que pueden permitirse el lujo de ser unos ignorantes y seguir tomando decisiones sobre nuestras vidas. ¿Alguien se imagina a Richard Heinberg de Secretario de Energía? Yo tampoco.

3/ Desempleo irremediable. La robotización tanto a nivel industrial como organizativo empieza en los años 80, y provoca el divorcio entre generación de PIB y demanda de trabajo. A partir de entonces se produce un excedente de población activa que es imparable. Aunque Niño no lo dice, a tal excedente producido por la automatización hay que sumar el procedente de nuestro exceso de capacidad productiva, que apunta en otro lugar, como consecuencia de alcanzarse los límites de recursos globales, lo que presiona igualmente a la baja la demanda de factor trabajo. Hubo momentos en la historia en que tal situación encontró remedio. Así a partir de mediados del siglo XIX cincuenta millones de europeos emigraron de Europa a EEUU. Hoy esto ya no es posible, salvo que colonicemos Marte, lo que no está ciertamente a la vista. Así que no hay salida. Es importante indicar que este proceso no tardará en afectar incluso a los países que hasta ahora han resistido con solidez los embates de la crisis global.

4/ Descenso acusado del poder adquisitivo de los salarios (como defensor a ultranza de que al final del camino está la hiperinflación, no puedo hablar de bajada de rentas del trabajo en términos puramente nominales). Niño lo ilustra con gran claridad. El trabajo es la forma a través de la cual la mayoría de la población tiene acceso a la riqueza. Si la necesidad del factor trabajo decrece el acceso a los recursos por parte de la mayoría de los ciudadanos sólo puede tener una tendencia igualmente decreciente. En definitiva iremos a una distribución de la riqueza “absolutamente sesgada”, como de forma eufemística la describe Niño, y que en castellano viejo se puede traducir como que la clase media desaparecerá (lo dice en otro momento), y las diferencias de renta entre ricos y pobres se harán estratosféricas. También habrá islas de prosperidad. Determinados profesionales muy productivos conservarán su capacidad económica. El resto de la población quedará excluida. Ello hará necesario establecer algún tipo de  “salario de subsistencia”. ¿Por ejemplo los 400 euros del subsidio? Otro tanto ocurrirá a nivel territorial. Regiones económicas o políticas viables capearan el temporal siempre que cuenten con la necesaria independencia tributaria y financiera. ¿Se entiende ahora mejor por donde va la deriva secesionista de Cataluña? El resto de territorios deambularán camino del infierno.

5/ Escaso crecimiento económico. Niño no cree en el decrecimiento como ideología, pues como economista no puede creer en lo que no es más que veneno para el vigente sistema económico. Pero habla de que crecer mucho menos será la única salida, y de que crecimientos del 0,5 serán los normales, y en los años muy excepcionales serán del 1 y pico. Se trata del sostenimiento con parihuelas del actual modelo productivo (se ve que no quiere asustar). Pero sólo lo que dice ya espanta a quien tiene información. Por ejemplo en España se empieza a crear empleo a partir de un crecimiento del 2%. Y la falta de perspectivas laborales paralizará absolutamente (ya lo hace) la actividad económica. No soy tan optimista como Niño. El decrecimiento lo tendremos, no como “doctrina”, sino porque no habrá más remedio, puesto que si los límites físicos en un momento dado nos obligaron a parar, es bastante probable que en algún otro más adelante nos obliguen a dar marcha atrás. No basta con la economía estacionaria, y Niño debe saberlo, puesto que el propio sistema productivo exige el crecimiento, bajo amenaza de hecatombe. Y la prueba es que el endeudamiento público sigue cabalgando sin freno, por la falta de ingresos fiscales para atender gastos corrientes, a causa del parón económico. De aquí que don Santiago se parapete tras tasas de crecimiento ridículas, que él sabe perfectamente que son insostenibles, salvo maquillando datos macro con todo el arsenal de la Señorita Pepis.

6/ Distribución centralizada. Aquí Niño Becerra no se atreve tampoco a emplear conceptos demasiado directos. Evita la palabra planificación, de forma absolutamente premeditada, pues se observa que la tiene en la punta de la lengua. Habla de limitación deliberada del crecimiento, y de que la ordenación del mercado por vía de precios a partir de un punto no va a ser posible, puesto que no se podrá consentir el derroche de recursos, aunque alguien se lo pueda permitir en términos de capacidad económica (aquí cita expresamente el petróleo), dado que se estaría causando un grave daño a los intereses colectivos. Pero en un determinado momento tiene que enseñar las cartas, y habla de regulación tanto desde el lado de la oferta como desde el de la demanda (de productos y servicios). Luego verde y con asas. Cacerola. ¡Bingo! En este escenario tiene sentido la armonización económica internacional, a través de controles informáticos, incluso de las transacciones financieras, y la creación de una unidad de cuenta global (para evitar guerras de divisas) a las que también se refiere.

7/ Cambios estructurales en el mapa político. Es cierto, como dice Niño, que los Estados van a perder mucha importancia, ya lo han hecho, porque todo se decide en foros supranacionales, que ponen, por la vía de la restricción de crédito, en vereda a los dilapidadores irredentos, a fin de que no se note donde está el origen del problema global. Pero, Sr. Niño, ¿qué los municipios van a cobrar importancia? Es muy posible que sea lo deseable, pues son administraciones más cercanas al ciudadano, pero ocurre que también son, al menos con su actual diseño, entidades bastante despilfarradoras, sometidas a graves vaivenes de pasteleo político, demagogia incontinente y clientelismo local. Basta ver que aquí en Españistán, a tenor de las últimas reformas legislativas, vamos en sentido contrario.

8/ Estado policial. Bueno, no lo llama así, esta gente tan conocida no puede expresarse en tales términos, pues serían carne de titular. Pero habla claramente de que se pondrá coto a las libertades individuales, con el nuevo eufemismo de que sobrevendrá “la desaparición del individualismo”, pues todos seremos conscientes de la necesidad de mirar por los intereses colectivos. Como si el egoísmo y la introversión tuvieran que ser solventados al penoso precio de aceptar que quien llame a tu puerta a las cinco de la mañana probablemente no sea el lechero. Otra cosa será que el nuevo modelo productivo, ese del que Niño habla sin hablar, requiera de quitarse de encima a algunos recalcitrantes que “a toda costa quieran un Ferrari”. Estimado Santiago, no se tratará de un deportivo de lujo. Muchos estarán luchando por sobrevivir con alguna dignidad.

Lo dicho, que una vez quitado el esmalte lo que dice Niño Becerra va a misa, lo que pasa es que hay que leer demasiado entre líneas, y eso termina por cansar incluso a los más incondicionales.

Saludos,

Calícrates

2 comentarios:

  1. Está claro que tendremos una era de eufemismos, no habrá decrecimiento sino crecimiento negativo, pero me temo que al paso que vamos, el colapso no se hará de rogar. Casi siempre olvidamos en estos análisis que uno de los pilares que veremos (yo ya lo estoy viendo) tambalearse es la producción de alimentos. Podremos pasar sin muchas cosas pero no sin comer, no han sido las ideologías sino el estómago vacío el que ha capitaneado mas de una revuelta.
    Si nos tardamos en gestionar la ruralización de la sociedad, la destrucción de la demanda de alimentos se hará mediante la destrucción de los demandantes.
    No hay tractores eléctricos para trabajar los campos. La tasa de retorno energético alimentario en la era preindustrial alcanzaba con facilidad un valor de cuarenta. En la agricultura intensiva actual ronda un valor de 0.1, invertir diez calorías procedente de combustibles fósiles para poder obtener 1 caloría en alimentos. No se cambia un modelo de la noche a la mañana y menos si hay que multiplicar la tasa de retorno energético por un factor de cuatrocientos.
    Un saludo
    Un saludo

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  2. Definitivamente este es mi blog favorito.
    Espero que tarden mucho en sobornarte.
    Un saludo.

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