martes, 30 de septiembre de 2014

Recursos y crisis económica


Fuente: www.decrecimiento.info
Estimados contertulios, hace ya algún tiempo tuve el honor de comparecer ante vosotros, pues quería, por vuestra propia seguridad, haceros saber los verdaderos motivos de la crisis económica en curso, y las razones por las que, por sus propios fundamentales, no podría acabar nunca, sino solo pasar por períodos de cierta estabilidad, para luego profundizar en el camino que a largo plazo llevará a nuestra sociedad industrial hacia el abismo.

Han pasado casi dos años, y los hechos se han conjurado de forma contumaz en darme la razón. Pero eso era esperado y no es noticia. Lo increíble es que el sistema, aterrado ante las consecuencias de que se haga pública la necesidad de un severo cambio de rumbo que podría afectar muy seriamente a las prebendas de sus usufructuarios (la manida casta), sigue mintiendo, tanto sobre las causas primigenias de la crisis como sobre las perspectivas de superación de ésta, que como pronto comprobaréis son absolutamente ilusorias.

Os voy a mostrar algunos síntomas evidentes de que la situación está lejos de mejorar.

1.- Explotación de recursos energéticos marginales de escasa o nula rentabilidad económica y energética. 

La buena noticia es que nuestra sociedad industrial continua su penosa marcha por el castigado planeta Tierra, de forma un tanto renqueante, eso sí, pues cada vez está más claro que la salida de la crisis, tan cacareada en USA y UK, es puro maquillaje monetario y contable, y aquí en Europa ni eso, pues la recesión golpea ya a las puertas de los países centrales, Francia y Alemania. Eso sí, los camiones siguen circulando, algunos aún no han perdido su empleo y se han permitido unas merecidas vacaciones, el agua sigue saliendo por los grifos, y los supermercados, de momento, están llenos. ¿Cómo lo han conseguido, si hasta la AIE reconoce que los pozos de petróleo convencionales en funcionamiento ya están declinando a un ritmo medio del 4% anual? Pues gracias a una inmensa pacotilla petrolífera que se ha puesto en marcha al calor de los elevados precios del barril de crudo, con una consistencia energética muy baja: biocombustibles, arenas asfálticas y especialmente la irrupción del fracking.

Las pizarras bituminosos (llamadas lutitas), contienen restos de hidrocarburos y material orgánico denominado kerógeno, el que no llegó a convertirse en  petróleo, al no verse sometido a las condiciones de temperatura y presión adecuadas. Las lutitas bituminosas son conocidas desde hace milenios (los romanos las explotaron, por ejemplo en la mina de Riutort, en Guardiola de Berguedà) y sus recursos a escala planetaria fueron evaluados hace décadas y son ciertamente gigantescos: en su equivalencia a petróleo se estima que hay en todo el mundo entre 2,8 y 3,3 billones de barriles, más de la mitad de ellos en los EE.UU. (para que os una idea, en toda la historia de la Humanidad se ha consumido un poco más de un billón de barriles de petróleo convencional).

Sin embargo, recursos no son reservas: recurso es lo que hay ahí, mientras que reserva es lo que se puede explotar con rentabilidad por tener una elevada Tasa de Retorno Energético (TRE), típicamente superior a 10. Y el problema es que la explotación del kerógeno, con todas las técnicas utilizadas, tiene una TRE muy baja, de entre 2 (Cleveland & O’Connor) y 4 (Rapier), incluso explotando los kerógenos de más alto contenido energético. El caso es que desde hace décadas se intentan explotar comercialmente sin éxito, pero su mera existencia y el gigantismo de los recursos de kerógeno sirven para sacar alguna noticia breve de corte optimista en los diarios de tanto en tanto, que no es otra cosa que propaganda para mantenernos distraídos y preocupados solo por las glorias balompédicas.

Por otra parte, desde hace poco menos de una década en los EE.UU. se está viviendo un boom de la explotación del gas de esquisto, conocido también como shale gas. Se trata de las burbujas de metano que están enganchadas entre las láminas de la pizarra, generalmente asociadas a la presencia de kerógeno. Puesto que la pizarra no es una roca permeable, ni siquiera porosa, sacar este gas de ahí supone un reto enorme. El método más económico para su explotación, conocido desde hace décadas, es el de la fractura hidráulica o fracking.

Pero la productividad de estos pozos es muy baja, como 200 veces menos que la de un pozo convencional y la producción decae muy deprisa. Durante el primer año un pozo de gas no convencional típico produce el 80% de todo el gas de su vida útil. Los ritmos de decaimiento son tan rápidos que se tiene que estar perforando continuamente y a gran velocidad nuevos pozos para mantener la producción.

No existe ningún estudio que evalúe seriamente cuál es la TRE del gas de esquisto, pero debe ser bastante reducida dados los costes de producción a boca de pozo en los EE.UU.: entre 2,25 y 9 dólares por cada mil pies cúbicos, esto es, unas ocho veces más caro que los de los pozos convencionales en Rusia. Teniendo en cuenta que la TRE del gas ruso se sitúa alrededor de 20, podemos estimar que el gas de esquisto debe estar entre 2 y 3, e incluso hay quien plantea que puede ser inferior a 1. Tan baja TRE hace incomprensible el bombo mediático que se le viene dando, que en España comenzó hace unos dos años, cuando por fuerza su viabilidad económica por fuerza debe ser nula.

Ya en agosto de 2012 Rex Tillerson, consejero delegado de Exxon Mobile, denunciaba a The New York Times que en el negocio del gas de fracking “todos hemos perdido hasta la camisa”. El año siguiente Peter Voser, en el momento de cesar como consejero delegado de Shell, reconoció a Financial Times que de lo que más se arrepentía es de haberse metido en el fracking. Y es que en el frenesí de la fracturación hidráulica en los EE.UU. se ha priorizado el cash inmediato por encima de la rentabilidad a largo plazo, asumiendo unas premisas (que los costes irían bajando y que los precios irían subiendo) que finalmente no se han dado.

Para el que no entienda que se pueda explotar el gas de roca poco porosa a pesar de que se pierden en él ingentes cantidades de dinero (10.000 millones de euros sólo en 2012). La cuestión es simple: "se trata de una burbuja financiera orquestada por Wall Street" posible gracias al maremágnum de liquidez que presta la Reserva Federal a través de las Quantitative Easying, programa monetario diseñado para tapar los agujeros del sistema financiero, que se encuentra contra las cuerdas a causa del languideciente crecimiento, producto a su vez de nuestras penurias energéticas.

El último recurso del que hablaré hoy, por su relación con el fracking, es del tight oil (petróleo de roca compacta). Se trata de formaciones areniscas convencionales, que contienen petróleo convencional, pero que están atrapadas) dentro de una roca no permeable. Se trata en realidad de petróleo convencional plenamente cocinado, no es kerógeno, pero su explotación por medios convencionales no resulta rentable dado lo pequeño de los reservorios, así que se recurre a la técnica del fracking para aumentar artificialmente la permeabilidad de la roca y permitir que el petróleo fluya.

Tampoco hay estimaciones de la TRE para el caso del petróleo de roca compacta. De acuerdo con el Oil Depletion Analysis Centre el coste productivo de un barril de tight oil es de entre 83 y 86 dólares, lo cual permite aventurar que su TRE debe estar alrededor de 12: no excelente pero lo suficientemente buena como para que la aventura salga rentable, sobre todo en los precios actuales.

Pues bien, incluso quienes apuestan por el futuro brillante del shale oil, como Goldman Sachs, reconocen que su producción llegará al máximo hacia el 2022. Sin embargo, una vez más los mejores lugares (sweet spots) han sido ya explotados, y lo que va quedando es más difícil y caro de extraer, y por tanto menos rentable. Si ya para el shale oil se necesitaba un precio del barril superior a los 80 dólares, a medida que va pasando el tiempo el precio mínimo sube, hasta que en un momento nada lejano estos yacimientos dejarán de ser rentables. De hecho el número de pozos activos en la formación de Bakken (la más productiva ahora mismo) parece haber tocado techo en septiembre de 2012.

Puede argumentarse que con más inversión saldrá más petróleo, sin tener en cuenta que ese incremento de inversión puede hacerlo no rentable. Estudios realistas sobre lo que cabe esperar del petróleo de roca compacta en los USA estiman que peak shale oil o máximo productivo de este tipo de recurso será en 2015 o en 2017, y su llegada enterrará todos los sueños de independencia energética de los USA, que no resistían un mínimo análisis riguroso.

Lo hasta aquí expresado deja de lado el tema del impacto ambiental  del fracking. Su explotación requiere inyectar ingentes cantidades de agua combinada con productos químicos bastante agresivos y la mayoría de este agua vuelve a la superficie, donde necesita ser procesada o simplemente almacenada. Esto aumenta el estrés hídrico de las zonas de implantación (en Texas hay una guerra abierta entre industria del fracking y agricultores y ganaderos) y también el riesgo de que este agua contaminada llegue al consumo si no se trata correctamente, lo cual, dado el ingente consumo y el frenético ritmo, no es nada sencillo.

En realidad la explotación de los recursos mencionados mediante el fracking solo ha sido posible gracias a la fuerza del dólar como moneda de reserva, importando energía embebida en los materiales usados y exportando inflación y miseria. Y su recorrido, como vemos, es necesariamente corto. Obviamente el esquema no es trasladable a Europa en forma alguna.

Creedme, la situación es muy comprometida y sistemáticamente ocultada. ¿Por qué no se refleja abiertamente en los precios? Pues porque si éstos suben abruptamente la máquina industrial de Occidente se para porque no puede pagarlos, con lo que vuelven a bajar en vertical, comprometiendo la rentabilidad de muchas explotaciones, sobre todo las no convencionales que hemos examinado. Nos encontramos literalmente caminando sobre una cuerda floja y los datos sobre el terreno resultan cada vez más inquietantes. Os daré un solo apunte. Venezuela ha empezado a importar petróleo ligero. Lo que oís. ¿Por qué? Pues porque ha explotado con avidez sus petróleos livianos (los más valiosos), y a medida que tuvo que tuvo que empezar a explotar los más pesados, pasó a usar el "truco saudita" de hacer una mezcla (blend) con varios tipos de crudo para lograr un punto aceptable para las refinerías que son sus clientes. Dado que la extracción de los crudos livianos se ha hecho insuficiente para realizar esa mezcla ahora tiene que importarlos. Esto demuestra que, el tema del petróleo es bastante más complejo de lo que se cree.

2.- Corrupción rampante.

¿Por qué nuestras penurias energéticas, y su corolario de crisis, han sacado a relucir un piélago de corrupción en el que, no nos engañemos, siempre hemos vivido? Por la fábula del lago. Imaginemos un pueblo junto a un lago cristalino, donde los pescadores halan sus redes, las barcas se balancean con la brisa, las ranas croan, las vacas pacen y los niños se bañan en alegre algarabía. Pongamos que vienen unos años de sequía y el nivel del lago baja de forma alarmante. Entonces las aguas empiezan a volverse negras, y se descubre que algunos avispados ciudadanos habían llevado largas tuberías subterráneas hasta el lecho del lago, donde descargaban sus inmundicias. La realidad es que aquello siempre estuvo allí, pero cuando la corriente no tuvo fuerza suficiente para llevarse la porquería fue cuando ésta empezó a subir a la superficie.

Hoy el Estado español es un solar totalmente esquilmado, y ahora nos damos cuenta, cuando truena, de que la partitocracia, el régimen, la casta y sus agentes llevaban lustros llevándoselo crudo a manos llenas. Mientras tanto nos afanamos por sobrevivir, pero es demasiado tarde y todas las iniciativas luminosas que permitirían crear empleo y fomentar la productividad han pasado a la más estricta clandestinidad. El transporte civil colectivo, los pisos y habitaciones que alquilan las familias para llegar a fin de mes, hasta vender hamburguesas a pie de calle exige permisos que nunca te dan (si no eres de ellos, claro)… Y mientras tanto los taxistas, autobuses, hoteles y hasta albergues son esquilmados a impuestos. Todo lo que no controlan los políticos es ilegal en España, mientras ellos saquean bancos, corrompen instituciones, se llevan sobres y hasta dúplex de lujo con sus intercambios de favores con dinero público, quedando impunes.

3.- Crisis sin fin.

Es el efecto más directo de la declinación petrolífera para una civilización absurda, adicta a la energía fósil sin ser siquiera consciente de ello. El problema no lo notaréis en las gasolineras, donde se seguirá suministrando combustible a quien pueda pagarlo. Lo sentiréis en el bolsillo, en términos de inflación, paro, decrecimiento, falta de liquidez y de crédito,… El colapso será financiero y económico, puesto que el dinero que manejamos es energía, es petróleo, y por lo tanto las perspectivas meritadas harán que recibamos cada vez menos, o la misma cantidad pero de mucho menor valor. El declive material viene después. Así el consumo de combustible en España ha bajado un 25 % desde el comienzo de la crisis. Por si lo indicado no es suficiente existe normativa comunitaria (Directiva 2012/27) que impone la reducción de paulatina de la energía primaria consumida (a razón de un 1,5 % anual), hasta el año 2020, estableciéndose medidas de medición y control, lo que supondrá un aumento de la fiscalidad cuando se alcancen determinados niveles de consumo en las estaciones de servicio. Podría pensarse que se trata de protegernos del cambio climático. Pero me da la nariz de que lo que verdaderamente ocurre es que dicha gasolina o diésel sencillamente no estarán disponibles en tales fechas.

La crisis continua, sólo se verá falsamente interrumpida, como ocurre ahora gracias al maquillaje estadístico, por motivos de pura urgencia electoral. Y es que aquí en Españistán las cosas, digan lo que digan, están lejos de ir bien. La producción industrial sigue bajo mínimos, como demuestran los datos de demanda de electricidad. El consumo mantiene su atonía. El desempleo no mejora en absoluto. Se están produciendo, incluso, sorprendentes decesos, del Presidente del Banco Santander, del de El Corte Inglés. Sí, teóricamente porque estaban muy mayores, cierto, aunque Emilio Botín, en una entrevista que dio pocos días antes de su fallecimiento, decía que le quedaban al frente del banco unos veinte o treinta años más. Claro que soto voce se susurran razones de peso para pensar que estaba sujeto a mucho estrés, pues parece que el Banco Santander iba a salir muy mal parado de los tests del BCE, con un core capital del 5 % cuando necesita un 9 %, lo que abocaba a una ampliación de capital imposible, o al rescate. Otro tanto cabe decir de El Corte Inglés, obligado a renegociar su deuda recientemente, al coste de la cesión de su financiera, precisamente al Banco Santander, por sus continuos problemas de liquidez incluso después de haber vendido alguno de sus establecimientos más emblemáticos, el de la Plaza de Catalunya de Barcelona.

¿Cómo se sostienen todavía los mimbres de un estado de cosas normal? Gracias al endeudamiento desorbitado. La mejora de las condiciones de los mercados financieros, tranquilizados por la disposición del BCE a respaldar a los países débiles del euro, ha hecho que la financiación para el Estado, los bancos y las grandes empresas sea mucho más fácil y barata, lo que ha traído como consecuencia la relajación de la disposición del Gobierno hacia el recorte del gasto, que se había centrado en las inversiones en infraestructuras e investigación, en la eliminación de alguna paga extra a los empleados públicos y en el despido fulminante de interinos en las diferentes Administraciones, pues no nos engañemos, nunca hubo intención real de desmontar las redes clientelares que sustentan el régimen del 78.

Vivimos, pues, en una inmensa mentira, pura propaganda propia de un régimen orwelliano, en la que colaboran de la forma más abyecta la mayor parte de los medios de comunicación. Nos dicen que hay austeridad cuando es falso (al menos en el conjunto del gasto). Nos dicen que la economía se está ajustando cuando también es falso. Tampoco es cierto que el sector financiero esté mejorando, ya que en pocos meses pierden todo lo que se les ha inyectado y mucho más. Nos dicen que el mercado inmobiliario ha tocado fondo y, sin embargo, está cada vez más hundido. Y lo peor de todo es que el aumento del endeudamiento público es totalmente inútil, ya que al no producirse una recuperación de la economía, con el consiguiente aumento de la recaudación tributaria, tarde o temprano se llegará a la evidente conclusión de que nunca se podrá devolver esa deuda, con lo que subirá de nuevo la prima de riesgo y aumentarán las presiones para nuevos recortes del gasto público.

Inquietantes filtraciones apuntan que hay planes de contingencia, para cuando la situación se torne volverse insostenible, que plantean la necesidad de una reducción de los salarios públicos del 30 %, una subida del IVA al 26 %, y un impuesto excepcional sobre la propiedad de toda clase de activos del 16 %, aparte de una nueva reforma en profundidad de las administraciones públicas, que podría implicar por primera vez el despido masivo de funcionarios.

De cualquier forma lo verdaderamente irresoluble a corto plazo, y es un problema de todo el mundo industrializado, son las pensiones. Nunca habían tenido tanto poder adquisitivo, básicamente a causa políticas de caricia permanente hacia un colectivo importante, que pronto llegará nada menos que a los nueve millones de postulantes. De hecho, aquí en el Estado español los escasos repuntes del consumo que aún mantienen tímidamente nuestra economía proceden de los jubilados con pensiones altas. Pues bien, puede que los días de vino y rosas pronto sean un recuerdo.

Cada semestre, a fin de abonar la paga extra a los pensionistas, se están sacando del fondo de reserva unos cinco mil millones de euros (la última sentada fue de 5.500, que se dice pronto). Teóricamente se trata de dar respuesta a una situación excepcional, pues el discurso oficial afirma que pronto volveremos a crecer y se llenará de nuevo la bolsa. Pero sabemos que esto no puede ocurrir, porque no hay energía para volver a la senda del crecimiento, por lo cual la excepcionalidad no acabará, y al ritmo actual de derrama, con visos de incrementarse en el futuro (tengo varios conocidos que tienen la pretensión, de momento amparada por la legislación vigente, de jubilarse con sesenta años), el referido fondo se agotará el 2019. Es legítimo preguntarse qué ocurrirá después y la verdad es que las posibilidades no son más que dos: o dejar de pagar la extra, o abonarla con dinero inflactado, esto es, absolutamente devastado en términos de poder adquisitivo, lo que viene más o menos a ser lo  mismo.

4.- Quiebra territorial.

España se conformó hace ya muchos años como Estado mediante un peculiar equilibrio entre las fuerzas centrípetas y centrífugas, que buscó durante siglos en el exterior, mediante la colonización sangrienta de decenas de pueblos, una identidad política y social que aquí le negaban sus propios socios fundadores, y se mantuvo con altibajos prácticamente hasta los últimos años noventa del siglo XX, momento en el que sorpresivamente saltó todo por los aires sin que apenas nadie se haya dado cuenta.

Me explico. La fuerza centrípeta por antonomasia del Estado español siempre ha sido el ejército. Pero desde las fechas indicadas, y a tenor de las sucesivas reformas, contrarreformas, reducciones y profesionalizaciones, el autoritario gendarme ha desaparecido. Ya no existe. Se ha caído del caballo camino de los Balcanes y tan sólo aspira a cumplir decentemente altruistas misiones humanitarias.

España se encuentra en estos momentos sin Fuerzas Armadas dignas de tal nombre, sobre todo en el escenario terrestre. Solo disponemos de algunas fragatas, adquiridas a precio de oro, más que nada para escoltar portaaviones yanquis, y unos antediluvianos F-18 comprados en los años 80. Pues bien, aunque no se diga abiertamente, sin duda la total indefensión del Estado influirá en el proceso en curso de reconversión a fondo de sus estructuras institucionales.

El Estado español periclita porque su ciclo histórico ha pasado ya, como para tantos otros, pues son demasiado grandes y no son sostenibles, como tampoco las infraestructuras megalómanas realizadas en aras a fomentar la centralización del espectro de control que implican: telecomunicaciones, AVES, aeropuertos sin aviones y otros aglomerados gigánticos excesivamente exigentes en relación a la energía que demanda su construcción y mantenimiento. En este sentido preveo que Cataluña, que tiene unas bases económicas bastante sólidas, pueda llegar a constituir alguna forma de estructura política y social más o menos independiente, ya no por sentimiento colectivo más o menos mayoritario, sino por pura necesidad.

5.- Enorme conflictividad global.

También preveo guerras, y no sólo de baja intensidad como las que ya se han producido para generar alrededor de Occidente una especie de cordón sanitario (Irak, Libia, Siria,…), devolviendo estos países y también otros (Egipto, Túnez, Yemen) a una suerte de Edad de Piedra, de forma que no consuman demasiados hidrocarburos necesarios en el primer mundo, o para asediar la excesiva independencia energética rusa (Ucrania). Serán guerras algo diferentes, mucho más comprometidas, con el objetivo de depredar las últimas regiones globales con importantes reservas de crudo.

Hay que ser optimista. Los tiempos no son malos, son distintos, y ofrecen multitud de oportunidades a los intrépidos que permanezcan con los ojos bien abiertos.

Saludos,

Calícrates

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